Homo videns (II) – Barbitúricos a la carta

Dejamos la anterior entrega sobre a las puertas del siglo XXI, más bien, sobre el felpudo. Sí, el siglo XXI, algo tan enteléquico y elástico como el siglo XXI, que es en el que vivimos ahora. Éste donde los chavales hacen cosas muy raras en el youtube, y donde los futbolistas son indiferenciables en plano general.

Homo videns (II) – Barbitúricos a la carta

Dejamos la anterior entrega sobre a las puertas del siglo XXI, más bien, sobre el felpudo. Sí, el siglo XXI, algo tan enteléquico y elástico como el siglo XXI, que es en el que vivimos ahora. Éste donde los chavales hacen cosas muy raras en el youtube, y donde los futbolistas son indiferenciables en plano general.

Homo videns (I) – Audiencia, formatos y cintas de vídeo

Breve historia (otra) sobre los hábitos de consumo del espectador, su función y evolución a través de un amplío recorrido entre las pantallas –grandes y pequeñas– y los formatos que saturaron nuestras retinas durante el siglo XX y parte del siglo XXI con el auge de las plataformas audiovisuales.

Josef Koudelka – Spain, 1973

Durante años, fue el autor desconocido de algunas de las más célebres fotografías de la historia. En Praga, mientras el ejército soviético aplastaba la Primavera de Praga de 1968, Josef Koudelka (Boskovice, República Checa, 1938) recorría las calles de la ciudad con el único escudo de su cámara, retratando sin miedo todo lo que pasaba delante de sus ojos.

Enrique Metinides – ‘Adela Legarreta Rivas, atropellada por un Datsun’, 1979

¿La fotografía de sucesos elevada a arte? ¿La imagen que un día ilustró las páginas más sensacionalistas de la prensa mexicana en museos y exposiciones? Sí, el fotógrafo Enrique Metinides (Ciudad de México, 1934) lo ha conseguido, como anteriormente lo hizo Weegee con el sórdido Nueva York de la primera mitad del siglo XX.

La carta de Fernando

La primera vez que entré en una UCI con pacientes contagiados por la Covid-19 fue de aquellos días que tardas en olvidar o directamente no olvidas. No fue por muchas horas, pero sí las suficientes para apreciar y tomar conciencia de lo que suponía que ese bicho maligno decidiera elegir tu cuerpo para entablar una lucha sin igual.