La Cara B de Nan Goldin

Uno de los grandes subgéneros de la fotografía contemporánea ha sido el que podríamos denominar como "autodocumentalismo"; Nan Goldin fue uno de sus autores, que emergió con más fuerza e intensidad que ningún otro.
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Uno de los grandes subgéneros de la fotografía contemporánea ha sido el que podríamos denominar como “autodocumentalismo”. Consiste en fotografiar tu entorno más íntimo, ya sea la familia, los amigos o tu propia vida. De alguna manera, hubo una generación en los años 70 que traspasó los límites de lo fotografiable hasta ese momento y que se desnudó delante de la cámara. No había censuras. Podían aparecer en las imágenes tus amigos teniendo sexo, tu pareja inyectándose heroína o tu padre agonizando en una cama de hospital.

Greer and Robert on the bed, NYC, 1982 © Nan Goldin

Entre los precursores, podríamos hablar, por ejemplo, de Larry Clark, con su trabajo Tulsa y Richard Billingham con Ray’s a Laugh, pero si algún autor emergió con más fuerza e intensidad que ningún otro, esa fue Nan Goldin (1953). Desde muy joven, la fotógrafa estadounidense comenzó a frecuentar círculos bohemios y artísticos del barrio de Bowery, en pleno Manhattan. Eran finales de los años 70, Nueva York era el epicentro de la escena cultural a nivel mundial, y allí eclosionó el punk, las drogas y una libertad sexual hasta entonces poco conocida. Llegó a la gran manzana, tras graduarse en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, donde coincidió con los también afamados Philip-Lorca di Corcia y David Armstrong. Por lo que su formación artística era sólida. A ello le unió su pasión por la fotografía de moda y el trabajo de Guy Bourdin y Helmut Newton. Ingredientes que fue mezclando en las fotografías que comenzó a hacer de su grupo de amigos más íntimo.

Y ése ha sido el gran tema de su obra; su vida. En las imágenes de Goldin encontramos su diario personal: amigos, amores, el coqueteo con las drogas, el alcohol, la violencia, la soledad… drag queens, travestís, artistas, fotógrafos, toxicómanos… un conjunto de personas que representaban el lado más salvaje del Nueva York de la época. Sus obras son una narración autobiográfica, donde, sin ningún límite, traslada esa existencia a las imágenes. De hecho, para refrendar ese carácter narrativo de su trabajo, siempre ha preferido presentar sus creaciones en forma de proyección de diapositivas, donde los espectadores pueden seguir el hilo de los personajes y dejarse llevar por la edición de la autora.

Misty and Jimmy Paulette in a taxi, NYC, 1991 © Nan Goldin

Así presentó, en 1986, su primer gran trabajo, La balada de la dependencia sexual. En esta colección de recuerdos podemos ver a gente en todo tipo de actitudes, en lo que bien parece una fiesta continua de bajadas y subidas, con un marcado carácter autodestructivo. En palabras de Goldin, “es una memoria real con imágenes que provocan. Es una invocación del color, el olor, el sonido, la presencia física, la densidad y el sabor de la vida”. La cámara fotográfica era un apéndice más de su cuerpo, y la artista estadounidense la utilizaba en cualquier momento, pasando ya tan desapercibida dentro de sus amistades, que nadie le imponía ningún condicionante.

En mucha de las fotografías ella misma se cuela dentro del objetivo, en autorretratos donde se nos muestra de igual manera hasta las últimas consecuencias. Golpeada, ebria, sola, perdida… tampoco para mostrarse a sí misma colocó una barrera delante de la cámara. Otros fotógrafos que se han movido en este ámbito de fotografía intimista, han rehusado aparecer y se esconden detrás como meros observadores, pero Nan Goldin no ha tenido ningún reparo, otorgando mayor valor a esa desnudez privada.

Heart-Shaped Bruise, NYC, 1980 © Nan Goldin

Su estilo fotográfico era casual, marcadamente amateur y directo, lo que ha impregnado sus imágenes de un halo de autenticidad y vigencia. Unas obras que sin duda han influido en las generaciones posteriores, tanto en relación a la fotografía artística, como también al uso que la fotografía publicitaria y de moda han hecho de esa desnudez estilística. Usaba el flash cuando era necesario, y si alguna de las fotografías está desenfocada, Goldin no tiene reparos en comentar que era culpa de que estaba demasiado borracha en aquella época para conseguir enfocar. Pero es parte del encanto de esas imágenes, esa presencia y corporeidad que delatan, donde casi se puede palpar y oler el sexo, el alcohol y las drogas, metidos en aquella espiral de desenfreno de un grupo de amigos que lo que querían era experimentar y probar sin plantearse las consecuencias. Al final, el arte, y especialmente la fotografía, es una mezcla de vivencia y creación, y Goldin ha surtido más que nadie su creación de su propia vida, hasta hacerlo un todo uniforme e inseparable.

Nan and Brian in Bed, NYC, 1983 © Nan Goldin

Esa etapa tan destructiva y fructífera a la vez para Goldin, tuvo sus inevitables naufragios. Muchos de los protagonistas de sus imágenes murieron por el Sida o las drogas, y la propia artista tuvo que ingresar en una clínica de desintoxicación para salir de su adicción al alcohol. Ahora Nan Goldin vive entre Berlín y Nueva York, y es profesora en la Universidad de Yale. Desde aquella célebre ‘Balada de la dependencia sexual’, ha seguido documentando su vida, eso sí, con menos intensidad, y realizando trabajos como Amor en Tokio, retratando a jóvenes japoneses en colaboración con Nobuyosi Araki, o Relics and saints, centrada en la fotografía de objetos religiosos. Incluso se atrevió con una instalación llamada ‘Heart Beat’, donde Bjork compuso la música y cantó. Y en 2007 recibió el Premio Hasselblad.

Tokyo Love, 1995 © Nan Goldin

Como comentamos al principio, una de las grandes influencias, e incluso el motivo por el que a los 15 años comenzó a merodear la vida con una cámara, fue la fotografía de moda. Y, como no podía ser de otra manera, Nan Goldin ha compaginado su carrera artística con numerosas colaboraciones para marcas y grandes revistas internacionales. Por ejemplo, uno de sus últimos trabajos fue realizado el año pasado, fotografiando la campaña de verano de la marca McQ, de Alexander McQueen. Misma sensación de instantánea, de falta de foco en ocasiones, y ese espíritu que ha hecho tan reconocible su trabajo.

Alexander McQueen, 2016 © Nan Goldin

Todavía más reciente ha sido un encargo para Dior, donde las modelos vuelven a situarse en entornos donde se encuentra cómoda, íntimos, como ese voyeur que se cuela en una reunión de amigos, donde es una más. Es de agradecer que Nan Goldin no haya querido ser una creadora diferente cuando se ha colocado en el papel de fotógrafa comercial. Ha sabido reconocer sus virtudes, al igual que sus clientes, y se ha movido siempre en un mismo registro estilístico.

Dior, 2017 © Nan Goldin

Por ejemplo, en la campaña realizada para Bottega Venetta en 2010, el interior bien podría ser el famoso loft que poseyó en Nueva York, y donde fraguó parte de su más reconocida obra. Los protagonistas son más glamurosos, pero seguro que la inspiración conceptual se encontraba dentro de aquellas paredes de los años 80.

Bottega Venetta, 2010 © Nan Goldin

También para Dior, podemos encontrar el trabajo que hizo con el actor Robert Pattinson.

Dior, 2016 © Nan Goldin

En 2010 realizó un catálogo para la marca Scanlan & Theodore, fotografiando a la modelo Erin Watson. De igual manera, vemos interiores, paredes desconchadas, y esa estética decadente que le ha acompañado en parte de su obra.

Scanlan & Theodore, 2010 © Nan Goldin

Como no podía ser menos, han sido muy numerosos los trabajos de fotografía editorial que ha realizado. Por ejemplo, en 2016 retrató a Catherine Deneuve para Porter Magazine.

Porter Magazine, 2016 © Nan Goldin

Y de igual manera ha trabajado con algunas de las grandes supermodelos actuales, como Lara Stone. En este caso, para Vogue Francia.

Vogue Francia © Nan Goldin

Nan Goldin ha sido uno de los grandes referentes de la fotografía actual, y conocer su obra es entender una pieza capital de un género visual que sigue estando muy presente. Ha aplicado hasta el extremo esa frase de vivir para contarlo. Y todavía sigue guiándose por estas palabras: “Fotografiar la vida es como excavar en el peligro. Mi motivación no ha cambiado en treinta años: rendir homenaje a la belleza de la gente que me rodea“. Una belleza indómita, no siempre reconocible, pero pura y salvaje, como su obra.

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