Huawei P40 Pro – Fotografía y algoritmo (II)

Comparamos los dos móviles más avanzados de Huawei en busca de posibles tendencias fotográficas creadas en torno al procesado de la imagen.
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La segunda entrega de esta mini serie se ha hecho esperar más de lo que quisiéramos pero al fin hemos podido procesar los datos suficientes para poder publicar este análisis comparativo entre el Huawei P40 Pro y su modelo anterior, Huawei P30 Pro, los dos móviles más avanzados del elenco “fotográfico” de Huawei.

Siguiendo las conclusiones extraídas en el anterior artículo, aconsejamos considerar esta serie de pruebas bajo un enfoque distinto. Apartémonos durante unos minutos de los estándares de calidad de imagen que sobradamente conocemos y entendamos esta prueba de manera más conceptual, como un termómetro de tendencia tecnológica. Además, no podemos olvidar que estos dos terminales nunca fueron concebidos para atender a estas exigencias y sin embargo, dan muchas pistas sobre algunos de los avances que vemos y veremos en los próximos meses en la industria fotográfica y audiovisual.

Rendimiento de captor

Hemos actualizado nuestra clásica prueba técnica de señal/ruido atendiendo al contexto técnico que la circunscribe. Por ello el bodegón planteado modula su composición de manera casi bidimensional, todos sus elementos se ubican dentro de un plano paralelo al plano focal, evitando así la profundidad en aras de optimizar todos los parches medidos dentro del mismo rango de enfoque y profundidad de campo.

El confinamiento también ha sido complice de esta composición, todos los objetos fueron escogidos por sus características técnicas –texturas, detalle, gama de color, etc– sin olvidar un punto kitsch que esperamos os provoque una ligera sonrisa en estos días repetidos, confinados entre ladrillos y pantallas. No nos hacemos responsables por lo tanto de su calidad estética –aunque es innegable– y pasamos directamente a lo que aquí nos atañe: poner lupa sobre esas muestras para buscar las diferencias técnicas entre los captores digitales de ambos terminales móviles.

Bodegón –edición pandemia kitsch– usado para realizar el test de comparativo de rendimiento de captor © Albedo

Esta cuidada selección –además de hortera– cumplió su cometido, os ofrecemos la comparativa completa en formato de mosaico para favorecer su lectura. Nos habéis sugerido en varias ocasiones la conveniencia de poner las imágenes completas, pero por el momento no creemos que sea viable, aunque estamos pensando otras fórmulas de presentar nuestros análisis para que sean más dinámicas sin perder rigor.

A modo de ejemplo: una prueba de este tipo conlleva, entre verificaciones y descartes unas 72 tomas diferentes, de éstas, aproximadamente unas 26 componen el mosaico final tras haber descartado todas las tomas RAW, mostrar todos estos archivos en un solo artículo nos parece un ataque directo a vuestra paciencia, además de nada operativo en tiempo de carga en internet.

Los archivos RAW –no tan crudos, realmente– no han entrado en esta comparativa dado que no arrojan verdaderamente mejor calidad que su versión JPEG procesadas directamente por los terminales. Tal y como comentamos en la primera parte de esta serie: el potencial de estos terminales y su legado fotográfico son su elevada capacidad de procesado, siendo el algoritmo la clave de sus buenos resultados, quién quiera seguir pensando en hardware: ópticas firmadas por Leica y otros estándares de calidad, es libre de hacerlo.

Test de comparativo de rendimiento de captor: Huawei P40 Pro vs Huawei P30 Pro © Albedo

Entrando ya en materia, navegando por este mar de parches al 100%, podemos afinar algunos argumentos:

En todos los casos la mejor versión de archivo se aloja en el modo descrito como “Auto“, las primeras tomas de cada lote de parches, realizadas en el modo “Foto” donde el terminal tiene pleno control de todos los criterios de exposición y procesado.

Las tomas de máxima resolución no ofrecen verdaderamente más calidad que las versiones “combinadas”, tan solo un archivo más grande y menos nítido. La relación exacta en estos dos equipos es la siguiente: Huawei P40 Pro (50 Mpx /12 Mpx) vs Huawei P30 Pro (40 Mpx /10 Mpx), resolución máxima y combinando fotocélulas respectivamente (Pixel Binning). Si todo este argot técnico te confunde, te recomendamos leer el primer artículo de esta serie para despejar dudas.

En criterios comparativos el Huawei P30 Pro aguantó el envite en todo momento, siendo incluso mejor el Huawei P40 Pro –modelo posterior– en los parches ubicados en el centro del fotograma, tanto en la versión Auto como en todos los parches realizados bajo el modo Profesional. Este modo es una adaptación del típico modo manual, con él se han hecho todas las filas de parches comparativos a diferentes valores ISO.

Por contra, todos los parches ubicados en el borde o en la esquina del fotograma han arrojado mejores resultados en el nuevo terminal frente a su predecesor. No es de extrañar, dado que la capacidad de procesado del Huawei P40 Pro es mayor y justo esas áreas son las que se enfrenta a mayores trazas ópticas.

La relación señal/ruido sigue exactamente este patrón: los parches realizados en el centro ofrecen mejor relación de nitidez a todos los valores ISO, en cambio las partes más oscuras o con mayor cromaticidad caen en picado a partir de ISO 800 en el Huawei P30 Pro, mostrando además una clara subexposición que será la pauta hasta el máximo valor analizado, ISO 6400.

El ruido cromático en el Huawei P40 Pro es visible desde los valores ISO iniciales –ISO 100 en adelante–, pero no impide que la exposición sea más homogénea. Bajo criterios profesionales, la calidad a partir de 1600 ISO es bastante cuestionable, nos obstante no perdamos la perspectiva de estos terminales de gama alta, su uso y su exigencia real. En la mayoría de los casos las imágenes captadas no saldrán de un ecosistema social, basado en compartir y consumir fotografía a través de las pantallas de otros móviles. Como es lógico, las pretensiones técnicas se adaptan al milímetro a esa demanda.

El Huawei P30 Pro y su evolución, Huawei P40 Pro, son los terminales más avanzados del elenco “fotográfico” de la compañía © Albedo

Conclusiones

La influencia de la fotografía móvil sobre otras áreas del sector consideradas “más serias” –desde luego no en términos económicos– abarca muchos temas, todos ellos relacionados entre sí. No tenemos la capacidad ni la intención de desglosar aquí todas sus variables pero sí enumerar algunos de los factores que parecen más determinantes.

El procesado y apilado de grandes lotes de imágenes conlleva una importante capacidad de cálculo, espacio donde la tecnología móvil reina sin demasiada competencia. No sería extraño reconocer una adaptación de esa capacidad de procesado en posteriores modelos de cámaras profesionales y semi profesionales. Jugando entre gigapíxeles, algunos de los hitos tecnológicos conseguidos recientemente parten de la base del apilamiento de inmensos lotes de imágenes y su correcta interpretación. Nuevamente las soluciones de software y el algoritmo se imponen ante ningún otro criterio.

Lo expuesto no quiere decir que podamos tirar nuestros objetivos o cámaras por la ventana, evitemos a toda costa las interpretaciones maniqueas, como medio especializado no podemos declararnos más a favor de las herramientas profesionales. No permitamos por ello que los árboles no nos dejen ver el bosque, creemos firmemente que esta preponderancia del procesado frente a los elementos físicos es una tendencia evidente y todos los indicadores apuntan a un crecimiento exponencial.

Sobre la integración de una verdadera inteligencia artificial tenemos más dudas. Parcialmente sí parece factible una transferencia tecnológica desde otros campos –big data, redes neuronales o aprendizaje de máquina– pero de ahí a que hagan todo lo que el marketing propone puede haber mucha distancia.

Tampoco está de más pensar en el origen de algunos de los elementos fotográficos más clásicos y aplicarles el factor del tiempo. El telémetro, usado ampliamente en terreno militar, se integró perfectamente en la técnica fotográfica hasta el punto de imponer su nombre a una tipología de cámaras. Avanzando unos cuantos años corroboramos que las herencias vienen de los mismos padres. Todos los sistemas de reconocimiento facial y sus múltiples derivados –ojos, animales, etc– provienen en su mayoría del desarrollo de herramientas de video vigilancia.

En la actualidad uno de los campos con mayor inversión en el desarrollo de procesos de inteligencia artificial son los sistemas de control social basado en la interpretación de imágenes. El magnífico libro de Marta Periano, El enemigo conoce el sistema (enlace no patrocinado) aborda estas y otras cuestiones con excelente rigor periodístico. Una lectura no apta para todos los públicos en tiempos de pandemia pero fundamental para entender muchos de los procesos implicados en la economía de la atención en la que nos vemos inmersos.

Esa aplicación que envejece el rostro o el último filtro con orejitas de conejo además de entretener tiene una misión mayor, nuestros datos. Por lo tanto no parece tan descabellado intuir que los avances fotográficos que veamos bajo el eslogan de inteligencia artificial sean adaptaciones de importantes investigaciones en estos campos de control social, adaptando su uso al contexto.

Hablábamos de no perdernos entre los árboles y casi nos perdemos nosotros solos entre las hojas de un arbusto rondando cuestiones sociopolíticas en mitad de una prueba técnica. Disculpadnos, el confinamiento está haciendo estragos con nuestras mentes, sin duda acumulamos demasiadas horas de pantalla.

Como comentábamos al inicio de este artículo estas dos pruebas enlazadas fueron concebidas desde una perspectiva diferente, ampliando las fronteras del clásico análisis técnico, en el cual nos seguimos apoyando para construir otros criterios.

Las virtudes y los límites de los dos últimos terminales de la serie P de Huawei quedan complemente descritos pero lo fundamental, en nuestra opinión, es su potencial para crear una tendencia. Ahí radica su mayor interés y nuestro intento por describirlo, algo que seguramente solo hayamos conseguido parcialmente. Estamos de hecho pensando en elaborar una serie más larga sobre todas estas cuestiones para resarcirnos, siempre y cuando esto sea de interés para nuestro paciente público, que aguanta con estoicismo todos nuestros desvaríos.

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