Y tú, ¿reproduces o escaneas?

Es probable que en el algún momento te hayas enfrentado a la ardua tarea de digitalizar tu archivo analógico. En este artículo te proponemos cómo llevar a cabo esta labor con la máxima calidad de imagen empleando un sistema de edición no destructivo, tras meses de pruebas a caballo entre escáneres dedicados y mesas de reproducción.
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Antes de empezar te recomendamos acotar bien tu perfil: el grado de exigencia, el destino de la conversión digital y los recursos –temporales y monetarios– que puedes emplear en esta tarea. En esencia, los fundamentos del proceso son accesibles e idénticos para la mayoría. Los perfiles asociados con la restauración y conservación de patrimonio requieren, como es lógico, una dosis de tiempo y dotación de equipo adicional que iremos desgranando.

Exprimiendo plata y píxeles

Al hilo de estos perfiles, poco importa que el origen de tu necesidad sea profesional o personal, una buena conversión digital del material fílmico garantiza ante todo una manera justa de analizarlo. Obtener un archivo que esté a la altura del original es entender su verdadera calidad. En nuestra opinión, en este proceso híbrido de digitalización reside gran parte del potencial de la fotografía analógica en la actualidad, al margen de si estás realizando una labor de archivo patrimonial, personal o un proyecto de creación.

En este punto tenemos que hablar de la importancia de los intermediarios –dispositivos y técnicas– que actúan como traductor entre plata y píxel. Definir la calidad de un material a través de una deficiente digitalización es tan inexacto como tratar de juzgar una película de cine desde la peor de sus versiones, con baja resolución y audio enlatado en internet. Afortunadamente, estamos dejando atrás las reiterativas comparaciones entre digital y analógico, un espacio fecundo de opiniones polarizadas de dudoso rigor técnico. Las herramientas, herramientas son, que cada persona use las que crea más conveniente desde el conocimiento, desestimando estereotipos: no le demos más vueltas.

En el ámbito de la documentación, restauración y conservación se digitaliza por imperativo del formato, para archivar y difundir la información fotográfica mientras se custodia “el artefacto” original, como diría el difunto Ángel Fuentes, una de las referencias en este campo que cada año echamos un poco más de menos.

En el terreno artístico, fotografiar en analógico en 2021 puede ser el resultado de muchas decisiones: desde el puro disfrute de sus procesos, del uso de cámaras clásicas con una marcada personalidad o por la estética asociada a este material, al margen de que se pueda emular ese resultado con filtros digitales. Incluso vemos favorable ese nicho creciente de usuarios/as que transitan analógico simplemente por moda… con cariño y con los pies en la tierra, esa motivación inicial puede fructificar en verdadero conocimiento. El valor de la fotografía analógica es innegable en términos de aprendizaje, de ahí que forme parte de los currículos de la mayoría de las asignaturas fotográficas de los grados oficiales de Bellas Artes, Fotografía y Diseño.

¿Escanear o reproducir?

Volviendo al cometido de este artículo, al digitalizar un archivo la primera elección importante es definir el flujo de trabajo; este ha de ser repetible y estable en el tiempo. Esta elección suele ir cosida al dispositivo encargado de captar la información: escáner o cámara digital. Escoger uno u otro depende de varios factores relacionados entre sí. A continuación, desglosamos los que consideramos más importantes:

Equipo disponible

Si tienes un escáner dedicado para película de 35 mm y 120 no lo descartes, aunque tenga sus añitos. Con el flujo de trabajo adecuado suele ser una magnífica opción. Si por el contrario, tienes un escáner plano con adaptadores para película, analiza antes su nitidez real, dado que puedes llevarte muchas sorpresas, incluso en los equipos de gama alta.

La opción de reproducción pasaría por tener una cámara digital con una óptica de buen rendimiento, los objetivos macro destacan en este aparatado por su capacidad de trabajo a corta distancia. Evita en lo posible el uso de adaptadores, fuelles o tubos de extensión.

Formatos a digitalizar

En suma a la premisa anterior, digitalizar masivamente película de paso universal suele ser más provechoso mediante reproducción, aprovechando al máximo la relación entre la distancia de la toma y la resolución de salida del sensor digital de la cámara.

Por el contrario, por la propia naturaleza del sistema de lectura de un escáner, el material de formato medio o placa crecerá en tamaño de archivo gracias al proceso lineal de captura, otorgando un archivo de mayor peso y en principio de mayor calidad. Más adelante analizaremos la relación entre calidad y tamaño de archivo, dado que no siempre son vinculantes.

Grado de exigencia cromática

Aquí retomamos la variable profesional: si la conversión digital tiene un fin patrimonial, has de incorporar la gestión de color en el proceso para verificar que la correspondencia cromática de tus archivos respecto al original; también en material de blanco y negro, dado que la digitalización –en escáner o cámara– la harás a pleno color, usando los tres canales RGB. En los escáneres, la gestión de color pasa por tener una carta de color de referencia –modelo IT8 para luz trasmitida– que leerá e interpretará el programa de escaneado para establecer el perfil de color del escáner. Al tener bajo control el sistema de iluminación y todos los parámetros de toma –un escáner no deja de ser una cámara digital con un set de iluminación específico– el proceso se simplifica, pues basta con tener la carta y seguir lo pasos del calibrado y perfilado del dispositivo.

Para implementar este flujo de gestión de color en la reproducción de materiales fílmicos tenemos que garantizar que la luz que atraviesa el material es neutra –5.000 / 5.500 K-, sin dominantes, ni parpadeos y con un índice de reproducción cromática –CRI– superior al 90% para no dejar ninguna longitud de onda incompleta. A esta premisa habría que añadir un sistema de difusión intermedio y algo de distancia entre fuente de iluminación y el soporte que aloje nuestros negativos, facilitando el reparto uniforme de la luz de centro a esquina del fotograma. Muchos de los paneles LED comerciales incorporan un material difusor opal de color blanco–neutro y uniforme– útil para este menester.

Si tu proceso de digitalización no necesitas este nivel de precisión cromática, olvida las tablas IT8, los perfiles de color ICC y el CRI de tu fuente de luz –aunque te aconsejamos encarecidamente que no baje de ese 90%–, pues trabajarás mediante estimación visual con los preajustes de los programas de edición con un grado de fidelidad suficiente.

Espacio y conocimientos

Escanear apenas requiere más espacio que lo que ocupe físicamente el dispositivo; en cambio, la acción de reproducir implica montar un discreto plató. El tamaño de este plato dependerá de la complejidad del proyecto y el volumen de imágenes a capturar. Este set de trabajo contaría –al menos– con una fuente de luz principal para retroiluminar el material, una mesa de reproducción con mástil o –en su defecto– un trípode con capacidad de invertir la columna central a 90º, un soporte donde alojar los negativos y material rígido negro mate para opacar la luz que no esté implicada en formar la imagen, evitando así los reflejos internos y caídas de contraste.

En proporción a este despliegue de medios se aplicaría por lógica los conocimientos para manejarlos:

El proceso completo de escaneado está, en su mayoría, guiado por los programas que incluyen por cortesía las marcas en sus versiones especiales (SE) o en las versiones completas compradas de manera independiente (Silverfast / VueScan). Los ajustes profesionales requieren mayor atención pero su curva de aprendizaje es accesible.

Reproducir en cambio atañe una implicación directa con la toma. Se puede –y se debe– establecer un protocolo para ir más rápido en la digitalización en masa de grades archivos fotográficos, pero la primera captura de cada lote de material requiere unos mínimos conocimientos de técnica fotográfica para no frustrarnos con los resultados.

Nuestro set de reproducción: Olympus E-M5 Mark II + óptica Laowa 50 mm f/2,8 2X MFT Ultra Macro APO © Albedo
Una buena mesa de reproducción es, sin duda, el mejor de tus aliados para reproducir este tipo de material. Tendrás la composición y el enfoque bajo control en todo momento. © Albedo


Captura mediante reproducción

Has llegado hasta aquí tras verificar que tienes el equipo necesario, el espacio y los conocimientos para comenzar a reproducir el material. En vías de optimizar tu tiempo –y tu dinero– queremos compartir contigo nuestro sistema. Por supuesto, no es el único posible, ni tan siquiera es el más estricto a nivel técnico y muchas fases se pueden solucionar por caminos alternativos, pero establece un buen compromiso entre tiempos empleado, inversión y resultados.

Respecto a la cámara, no te obsesiones, dado que vas a controlar muy de cerca la iluminación y el ISO –siempre ajustado al valor de base nativo– puedes obtener buenos resultados incluso con cámaras digitales antiguas. En nuestro caso hemos elegido una Olympus E-M5 Mark II por su la excelente relación de profundidad de campo efectiva que impone su formato Micro Cuatro Tercios, como explicamos en la primera entrega de fotografía de calle. La única limitación que encontramos es su resolución de salida –20 Mpx–, suficiente para un uso general pero escasa para las exigencias profesionales, por lo que hemos optado por usar sus modos de alta resolución mediante movimiento de captor. De esta manera conseguimos un archivo RAW de 64 Mpx sin sacrificar apenas profundidad de campo y bajo una inversión mínima.

Una de las ventajas del objetivo escogido es su capacidad de magnificación, pudiendo trabajar desde infinito hasta su posición mínima de enfoque © Albedo

La óptica es la siguiente pieza de este esquema. Entre todos los objetivos macro disponibles para el formato MFT, nos ha llamado la atención el Laowa 50 mm f/2,8 2X Ultra Macro APO, un objetivo capaz de alcanzar un grado de reproducción 2:1 –la imagen es capturada al doble de tamaño de su escala real–, pasando por 1:1 y por supuesto pudiendo trabajar a infinito sin necesidad de fuelles o tubos de extensión. Un vistazo a sus curvas MTF nos da bastantes pistas sobre su calidad centro-esquina en las posiciones más habituales para trabajos de reproducción. El rendimiento a plena abertura es digno de mención; no olvidemos que hablamos de una óptica de un precio moderado, en torno a los 450 €.

Tabla MTF para distintos grados de magnificación, distancia de toma © Laowa

El próximo consejo no implica una inversión temporal importante y a nivel económico no tiene coste; sin embargo la consideramos fundamental. El orden y la limpieza harán que tu flujo de trabajo funcione. Clasifica todo el material de toma en primer lugar por formatos –35 mm, 120, placas, etc.–, después por tipologías –blanco y negro, negativo de color, diapositiva, placas de vidrio, otros soportes–, sigue acotando marcas/emulsiones –Kodak + emulsión, Iford + emulsión, Adox + emulsión– y, en último lugar los casos especiales –placa autocromas, procesos a color con pantalla incorporada, etc.–. Este reparto por lotes te hará ganar muchas horas –y salud mental– en las posteriores fases de edición y organización de las etiquetas a registrar en los metadatos. Siguiendo esta lógica, optimizas tanto la indexación del contenido a tu catálogo como la edición no destructiva por lotes aplicando los ajustes de lo general a lo particular.

Sin necesidad de fuelles o tubos de extensión este objetivo es capaz de otorgar un factor de reproducción 2:1 © Albedo

Sobre la limpieza, poco tenemos que contar más allá de lo obvio; tenemos que evitar a toda costa el polvo y la suciedad. No aconsejamos usar aire comprimido por posibles condensaciones de agua: la típica pera de aire es suficiente para quitar los restos de polvo que se hayan depositado en superficie. Los perfiles más exigentes pueden optar por algún producto antiestático adicional aplicado en superficie, siempre y cuando sea neutro y reversible. Si la suciedad o manchas “ya vienen de serie” en nuestros originales por su antigüedad o mal estado de conservación, recomendamos usar PEC-12 –enlace no patrocinado– con paciencia y cuidado, ayudándonos de un bastoncillo o hisopo de algodón antes de realizar la fase de digitalización.

Toma original en la mesa de reproducción © Albedo

Con todo el material limpio y ordenado, nos disponemos a preparar el set de trabajo que será común a cada bloque, empezando por las condiciones de toma que serán compartidas para el mayor número de imágenes. Por ejemplo: todas las capturas de negativos de 35 mm tendrán un soporte común –porta negativos o soporte hecho ad hoc– y una distancia de enfoque idéntica. La fuente de iluminación la podremos fijar para todos los lotes siempre y cuando llegue con uniformidad a cubrir todos los formatos dispuestos a reproducir.

Corregido el equilibrio de color mediante gotero en un borde del negativo sin imagen (velo + base) © Albedo

Sobre el soporte porta negativos: puedes darle una segunda vida a las máscaras de formatos de la ampliadora, utilizar elementos de reproducción específicos –nada baratos– o reutilizar los adaptadores de película de los escáneres bloqueando la luz que emiten los fotogramas que no vas a reproducir en cada caso con una cartulina negra mate u otro material similar. En esencia, lo que tienes que garantizar es que no filtre luz por rendijas o espacios que no conformen imagen y, ante todo, que “pise” perfectamente la película para garantizar su planeidad.

Recorte a sangre de la imagen, lista para interpretar con Negative Digital Lab © Albedo

Cosido al punto anterior, el soporte para la película y el sensor de cámara han de establecer planos paralelos perfectos. Atendiendo al grado de precisión que requiera tu trabajo, esta tarea la puedes realizar con muchas herramientas: medidor láser, niveles de burbuja o un simple espejo. La meta ha conseguir es que tanto cámara como soporte a reproducir estén alienados, paralelos y centrados. Recuerda que el enfoque funciona por planos y en estas distancias la profundidad de campo es mínima, así que cuanto más puedas afinar en este aspecto mejor nitidez centro-esquina obtendrás.

Ubicada la fuente de iluminación bajo los consejos que indicamos al inicio de este artículo, el siguiente paso sería hacer las fotos. Te damos seis consejos básicos:

  1. Recomendamos disparar en formato RAW para poder aplicar al 100% los consejos posteriores en la fase de edición.
  2. Encuadra la imagen contando una parte del fotograma no expuesto, te será útil para el equilibrio de color e interpretación de la exposición. Esto viene a ser la versión contemporánea del análisis del velo + base tradicional: indicar el grado de densidad residual que aporta el material de base –triacetato de celulosa, poliéster, etc.– sumando el velo que adjunta el proceso químico.
  3. Haz las fotos por el lado mate de la película para evitar reflejos, podrás voltear lateralmente todas las imágenes capturadas a la vez vía software.
  4. Enfoca en manual a través de la pantalla trasera utilizando la función lupa. Antes de hacer todo el lote que compone un mismo formato verifica bien la nitidez en centro y esquina del fotograma. Si tu cámara tiene focus peaking, úsalo. Es imposible no hacer similitudes con el laboratorio analógico: esta fase es idéntica a la lupa de enfoque en el positivado: si ves nítido el grano de la película obtendrás una imagen perfectamente enfocada.
  5. Disparar en remoto, por tethering o con temporizador. Si estás usando una cámara réflex, levanta además el espejo para evitar trepidaciones.
  6. Fija la exposición de esta primera toma para el resto del lote si tienen parámetros de exposición comunes. Cuantos más criterios unifiques más fácil te será después hacer la edición por lotes. Si la exposición de tu material original es heterogénea, agrúpalo por aquellas fotografías que puedan capturarse con los mismo valores sin empastar sombras o quemar luces. Trata los casos asilados al final para no montar y desmontar el set innecesariamente.

Captura mediante escáner

Esta vía suele ser conveniente para todas las personas que en su día compraron un escáner dedicado, una inversión nada desdeñable y que merece rentabilizar hasta el último céntimo. Las mayoría de las pautas indicadas en el caso de reproducción son compartidas en la opción del escaneo por lo que nos centraremos en lo que atañe de manera específica al dispositivo y sus ajustes. Conocer bien tu escáner y el programa de digitalización hará que puedas exprimir al máximo su densidad máxima (Dmax) y nitidez real, al margen de lo que indique su ficha técnica.

El veterano Reflecta MF5000 es una de las mejores opciones disponibles para digitalizar material analógico con un escáner dedicado a un precio asumible © Albedo

Utiliza un software de digitalización profesional: Silverfast es una referencia en el sector y muchas de sus versiones especiales (SE) vienen incluidas por cortesía con los modelos de gama alta. No obstante, te recomendamos encarecidamente que eches un ojo a VueScan. Un programa muy completo, compatible con un elenco enorme de dispositivos, con opciones avanzadas de captura y gestión de color a un precio asequible.

Proceso de escaneo de un fotograma de 35 mm. Película Kodak Tri-X 400 ISO, escáner Reflecta MF500, software VueScan Edición Profesional. © Albedo

Elige el formato de salida RAW con una profundidad de color de 48 bit o 48 bit HDR si tienes esa opción. Recorta la imagen a digitalizar siempre con una parte del borde de la película, aludiendo al análisis de Velo + Base que comentamos en el apartado de reproducción.

Proceso de escaneo de un fotograma de 35 mm. Película Kodak Tri-X 400 ISO, escáner Reflecta MF500, software VueScan Edición Profesional. © Albedo

Utiliza la máxima resolución óptica real de tu equipo, lo que no quiere decir que sea el valor más alto disponible. En este aparato tendrás que hacer pruebas comparativas para identificar cuál es el valor que aporta la mayor nitidez. En la familia de escáneres de cama plana este aspecto es crítico; hemos probado todas las gamas y casi nunca cumplen con los requerimientos ópticos de su ficha técnica. Esto incluye equipos de gama profesional como los modelos Epson V800 o V850 Pro.

Corrobora que el soporte portanegativos pisa perfectamente la película, pues el enfoque es aún más crítico con un escáner dado que a estas distancias la profundidad de campo se mide por milímetros.

Para material blanco y negro tradicional basado en haluros de plata –no confundir con película cromógena monocroma lista para procesar en C-41– desactiva los ajustes de limpieza por infrarrojo (ICE); en material a color activa esta función en un grado de intensidad medio.

Desactiva todos los ajustes de máscara de enfoque y/o reducción de grano que vengan activados por omisión
Una vez realizada la previsualización y acotada el área de exploración, bloquea la exposición antes de realizar la fase de escaneo si cuentas con ese ajuste.

Proceso de escaneo de un fotograma de 35 mm. Película Kodak Tri-X 400 ISO, escáner Reflecta MF500, software VueScan Edición Profesional. © Albedo

Tras estos pasos previos, obtendrás una versión digitalizada de tu fotografía en el mismo valor de brillo –sin invertir el negativo en positivo–, o quizá un poco más plana en contraste y ligeramente subexpuesta. No te preocupes, ambas situaciones indican que tienes margen para aplicar la fase de edición no destructiva.

Edición no destructiva – Negative lab pro

La fase de edición y catalogación del material digitalizado puede ser tediosa. Te aconsejamos usar el plugin Negative Lab Pro –enlace no patrocinado– para Lightroom para interpretar y positivar el material captado en negativo. En complemento a este programa haremos hincapié en las ventajas que aporta un sistema de de edición no destructivo basado en arquitectura RAW DNG frente al caos que puede suponer las múltiples copias y versiones en JPEG, TIFF de un mismo archivo fotográfico.

Proceso de escaneo de un fotograma de 35 mm. Película Kodak Tri-X 400 ISO, escáner Reflecta MF500, software VueScan Edición Profesional. © Albedo

Somos conscientes de que el formato RAW es de todos el menos crudo, pues es una tipología de archivo dependiente de acuerdos comerciales, lo que le hace poco aconsejable para garantizar su lectura con futuros programas y sistemas operativos. Por suerte, el formato DNG es razonablemente estándar. Es el tipo de archivo RAW con más visos de poder ser abierto a futuro bajo todas las arquitecturas y programas. Es también una de las plataformas con mayor desarrollo multimarca, lo que hace más sólida su elección frente a cualquier otro tipo de archivo RAW propietario de una sola compañía.

Escaneo original de un fotograma negativo color, película Kodak Ektar 100 © Albedo

Las ventajas de reproducir o escanear en formato RAW de salida son de sobra conocidas: las usamos todos los días en nuestras capturas fotográficas ordinarias. De manera instrumental y específica para esta labor, destacamos:

  • Edición no destructiva, un espacio donde todo ajuste es reversible, atendiendo a los criterios deontológicos de la profesión.
  • Obtenemos la máxima calidad posible en el momento de captura. Al margen de las versiones que hagamos de ese máster, siempre podremos remitirnos a él en un futuro.
  • Las tareas de edición por lotes se simplifican a través de ajustes de revelado compartidos, todos ellos bajo la filosofía de poder recuperar el original en cualquier momento.
  • A nivel de indexación de catálogo puedes optar por apilar cada máster con todas las versiones necesarias de exportación en formato de copias virtuales sin aumentar el peso por cada copia en tu catálogo: solo guardarás los ajustes de cada una de esas versiones. Una dinámica útil para tener en todo momento localizado el archivo máster y las versiones con diferentes ajustes de exportación, ya sean por tamaño, por contraste o por color.
Equilibrio de color y recorte perimetral de la imagen a sangre, paso previos al plugin Negative Lab Pro que convertirá la imagen RAW en positivo © Albedo

Partiendo de ese archivo DNG y tras establecer el equilibrio de color en la reserva de material no expuesto –velo + base–, reencuadramos la imagen a sangre; recordad que al ser un ajuste dentro de Lightroom no estamos recortando el máster. Ahora ya tenemos preparado el archivo para ser procesado por el plugin Negative Lab Pro. Los pasos posteriores se basan en diferentes interpretaciones –exposición, color, brillo y contraste, etc.– del archivo DNG a través de sus muchos modos y ajustes.

Comparación lado a lado del proceso negativo / positivo mediante copias virtuales en Lightroom.© Albedo

Recomendamos leer la amplía información que aporta el programa para conocer a fondo sus ajustes de conversión. Nosotros la hemos sintetizado en dos grandes bloques: material negativo en blanco y negro y material negativo en color. Si estamos ante el primer supuesto, arrancaremos la conversión bajo el modo de color B+W para luego ajustar el valor Tones en el modo Linear – Gamma, lo que supone un buen punto de partida para terminar de ajustar los valores de brillo y contraste manualmente. En el caso de partir de negativo de color, podremos optar por algunas de las configuraciones de la familia LAB que emulan la interpretación de brillo, color y contraste de los laboratorios industriales –Frontier, Noritsu, etc.– o elegir una curva más plana para luego ir subiendo valores de manera personalizada. A nuestro juicio, la gran aportación de este plugin radica en cómo gestiona la máscara de color presente en todos los negativos de color. Basta con elegir el tipo de soporte dentro del campo WB – acrónimo de balance de blancos– y veremos cómo el color se ajusta en relación a su soporte original.

Muestras

El proceso de comparar lado a lado un material tan susceptible a cambios de calidad en cualquier punto del proceso hace que seamos muy cautos en nuestras opiniones. Como era de esperar, no hay un ganador absoluto pero sí casuísticas dónde parecería más lógico usar una cámara frente a un escáner y viceversa.

Reproducción vs escaneo © Albedo
Reproducción vs escaneo, archivos al 100% © Albedo

En base a todos los criterios comentados, determinar nuestros equipo, el espacio y los conocimientos despejará la ecuación para muchos usuarios. Podría darse el caso que reúnas todos los requisitos mencionados –como es nuestro caso– y la decisión sea únicamente la calidad final de la digitalización. En este caso te aconsejamos que acotes bien tu tiempo, el espacio de trabajo y el material a procesar. Si sigues los pasos explicados obtendrás excelentes resultados a través de la reproducción del material, irás más rápido y te será relativamente sencillo procesar grandes archivos divididas por jornadas en sesiones de plató.

Reproducción vs escaneo © Albedo

El uso del plugin Negative Lab Pro no es imprescindible, puedes conseguir los mismos resultados invirtiendo a mano el DNG y trabajando cada área de la imagen desde Lightroom. Su aportación, al margen de si reproduces o escaneas, es la velocidad y calidad de su interpretación, sobre todo para resolver con ciertas garantías los valores cromáticos del material negativo de color.

Reproducción vs escaneo, archivos al 100% © Albedo

El escáner ofrece una operatividad casi instantánea, no requiere conocimientos muy específicos ni tampoco demasiado espacio, por contra el tiempo empleado en convertir grandes lotes puede ser importante, sobre todo en el caso de los escáneres dedicados que son –como era de esperar– los que exprimen al máximo la información del original.

No sería justo establecer con esta comparativa un criterio unánime para todos los sistema de reproducción y escaneo que existen. La tendencia parece que nos llevará más a reproducir por cuestiones meramente tecnológicas: los recursos de I+D van destinados al mundo de las cámaras, ópticas y procesadores. Los escáneres dedicados siguen en el mismo punto de evolución que marcaron los modelos de tambor virtual, modelos como los conocidos Imacon ahora Hasselblad Flextight. Esta familia de escáneres son el techo técnico, invariable desde hace muchos años. Los escáneres más profesionales y caros del mercado, que superan los 20.000 € de inversión.

En esta ocasión, estamos comparando un sistema de reproducción de 64 Mpx con sensor Micro Cuatro Tercios a través de modos de alta resolución por movimiento del captor vs un escáner dedicado de 3.200 ppp de resolución óptica real compatible con película de 35 mm y 120 –hasta 6×12 cm–. Sumando todas sus variables en dinero, estaríamos comparando una inversión de unos 1.300 € (cámara + óptica + fuente de iluminación + accesorios) vs 1.500 € (escáner). La gran diferencia es que todos los componentes dedicados a reproducir son polivalentes, los usaremos para hacer fotos de otro tipo, mientras que el escáner dedicado tiene un uso exclusivo, inconveniente adjunto a toda herramienta específica. La buena noticia es que el mercado de segunda mano tiene un nicho importante de escáneres dedicados a precio razonable, en tal caso verificar antes que todos los componentes funcionen y que tanto drivers como conexiones dispositivo-ordenador sigan vigentes.

Estamos más que conformes con la calidad obtenida por ambas vías, si bien nos convence la sencillez de manejo del escáner y la nitidez en todo el plano que otorga; cuando tenemos poco material que procesar es nuestra opción predilecta sobre todo con formato medio –película 120–. La reproducción ha sido muy satisfactoria para gestionar grandes bloques de negativos de 35 mm. Una vez montado todo el set y ajustada la primera toma el flujo de trabajo es efectivo.

Reproducción vs escaneo interpolado con “Super Resolution”, archivos al 100% © Albedo

Respecto a la resolución, un criterio técnico que llegó a ser la obsesión de todas las digitalizaciones de material fílmico, nos hemos permitido hacer una prueba experimental adicional. Hemos comparando la toma realizada mediante reproducción contra la versión “mejorada” por interpolación con el último algoritmo de Adobe basado en inteligencia artificial Super Resolution. Ciertamente no hace milagros y sus beneficios serán más evidentes en patrones “conocidos”, allí donde la inteligencia artificial pueda aplicar mejor sus recursos, pero tenemos que reconocer que el trabajo es notable.

Todo apunta a que la evolución de las cámaras digitales así como los algoritmos de interpolación mediante IA harán que los problemas de calidad de nuestras digitalizaciones pasen a ser cosa del pasado. Una vía un tanto caprichosa para entender en justicia la calidad que es capaz de otorgar el material analógico cuando hemos exprimido toda su información.

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